
nvestigadores del CSIC nos desvelan la evidencia incuestionable del primer contacto de Europa con América, casi 500 años antes de los viajes de Cristóbal Colón. Han detectado y seguido el rastro a un linaje amerindio de inexplicable presencia en Europa a no ser porque los vikingos, a su vuelta de Groenlandia, trajeran con ellos a una mujer nativa.
En torno al año 1000, una mujer físicamente antagónica a los islandeses llegaba a puerto en Noruega desde las tierras lejanas al otro lado del mar. Tenía el rostro ancho, los pómulos marcados y la nariz carnosa, la tez más bien amarillenta y el pelo más lacio y negro que jamás hubieran visto los lugareños. Sus ojos eran muy pequeños, aunque penetrantes y oscuros. Los expedicionarios, que por fin regresaban a casa, la obligaban a abandonar el navío en el que había realizado una larga travesía.
Años de viajes que se recogieron en dos sagas islandesas medievales, la Saga de los groenlandeses y la Saga de Erik el Rojo. Las obras relatan las aventuras de los vikingos liderados por Leif Eriksson, hijo de Erik el Rojo, que llegaron a América y se asentaron en Vinland, un vasto terreno ubicado en las zonas del Golfo de San Lorenzo, Nuevo Brunswick y Nueva Escocia, la actual Canadá. Durante mucho tiempo los historiadores dudaron de la autenticidad de las sagas, hasta que en 1961 se comprobó su base histórica al hallarse las ruinas del asentamiento vikingo de Leifbundir (L’Anse aux Meadows) en la gran isla de Terranova, en la costa nordeste de Norteamérica.
Informacion y fuentes: Masalladelaciencia
